Fácil,
rápido y con una salsa para mojar pan
¡Hola!
Hoy os traigo una de esas recetas que nunca
fallan: solomillo de cerdo a la pimienta, un plato facilísimo de preparar, muy
resultón y con una salsa de esas que te hacen rebañar el plato con un buen
trozo de pan.
Es perfecto tanto para una comida de diario
como para cuando tienes invitados y quieres quedar bien sin pasarte toda la
mañana en la cocina.
Esta vez he utilizado la Cookeo, que, para
quienes no la conozcáis, es una especie de mezcla entre una olla a presión y un
robot de cocina. Lo bueno es que puedes preparar la receta prácticamente igual
que en una cazuela tradicional y cerrar la olla únicamente cuando llega el
momento de la cocción.
A mí, desde luego, me tiene encantada.
Cocina en muchísimo menos tiempo que una olla convencional y, además, consigue
que los sabores se concentren de una manera espectacular. ¡La verdad es que me
gusta cada día más!
Pero no os preocupéis si no tenéis Cookeo,
porque esta receta se puede hacer perfectamente en una cazuela de toda la vida,
dejándola cocinar tranquilamente a fuego lento, al famoso chup chup.
Tiempo de preparación total
Con Cookeo: aproximadamente 35-45 minutos
(8-10 minutos de cocción a presión).
En cazuela tradicional: aproximadamente
45-55 minutos (20-25 minutos de cocción a fuego suave).
Dificultad: Fácil, facilísima.
Ingredientes para dos personas
·
1 solomillo de cerdo grande.
·
1 cebolla blanca (de las de
toda la vida).
·
½ vasito de vino tinto (también
podéis utilizar blanco).
·
Pimienta negra en grano.
·
50 ml de nata para cocinar.
·
1 nuez de mantequilla (o
margarina).
·
5 cucharadas de aceite de oliva
(o del que utilicéis habitualmente).
·
Sal.
Vamos con la receta
Paso 1. Sellamos el solomillo.
Lo primero que vamos a hacer es salpimentar
el solomillo.
Ponemos el aceite en una cazuela y, cuando
esté bien caliente, incorporamos la carne. La vamos dorando a fuego vivo,
dándole vueltas para que coja un bonito color por todos sus lados.
Lo que buscamos es dorarla bien por fuera,
sin cocinarla demasiado por dentro, porque después terminará de hacerse con la
salsa.
Cuando esté doradita, la sacamos y
reservamos.
Paso 2. Preparamos la base de la salsa.
En el mismo aceite en el que hemos sellado
el solomillo, ponemos la cebolla, que habremos cortado previamente en
cuadraditos lo más pequeños posible.
La dejamos pochar a fuego medio-bajo,
removiendo de vez en cuando, hasta que esté blandita y transparente.
En ese momento añadimos medio vasito de
vino tinto. Yo he utilizado tinto, pero con vino blanco también queda
estupendamente.
Dejamos que hierva suavemente unos minutos
para que el vino reduzca y se mezclen todos los sabores.
Paso 3. Volvemos a incorporar el solomillo.
Cuando la cebolla esté bien pochadita y el
vino haya reducido, volvemos a poner el solomillo en la cazuela.
Añadimos un vaso de agua, aunque también
podéis utilizar caldo de carne, de pollo o incluso de verduras.
Yo, personalmente, prefiero poner agua. Me
gusta que la salsa conserve el sabor de los ingredientes originales, sin que
ningún caldo le robe protagonismo a la carne, la cebolla y la pimienta.
Pero esto, como casi todo en la cocina, va
en gustos.
Paso 4. Dejamos cocinar.
Añadimos un poquito más de sal, unos granos
de pimienta negra y un poco de pimienta recién molida.
Si utilizáis la Cookeo, como he hecho yo,
cerráis la olla y programáis 10 minutos de cocción a presión. Si el solomillo
no es muy grande, podéis empezar comprobando el punto a los 8 minutos.
Si preferís hacerlo en una cazuela
tradicional, bajáis el fuego, tapáis y dejáis que se cocine tranquilamente al
chup chup durante unos 20-25 minutos, vigilando de vez en cuando que tenga
suficiente líquido y comprobando el punto de la carne.
No tiene más misterio.
Paso 5. El toque final: nuestra salsa a la pimienta.
Cuando el solomillo esté en su punto, lo
retiramos de la cazuela y lo reservamos mientras terminamos la salsa.
Pasamos la batidora por la salsa de cebolla
hasta conseguir una textura fina y cremosa.
Ahora añadimos la nata para cocinar y una
nuez de mantequilla. Removemos bien, a fuego suave, hasta que todo quede
perfectamente integrado.
Y aquí viene lo importante: probar, probar
y volver a probar.
Vamos ajustando la sal y la pimienta hasta
conseguir el sabor que más nos guste. Si sois de los que disfrutáis con una
salsa a la pimienta con carácter, podéis añadir un poquito más de pimienta
recién molida.
Una vez lista la salsa, cortamos el
solomillo en medallones más bien gorditos, los colocamos en una fuente y los
cubrimos con nuestra maravillosa salsa.
¡Y
listo!
Ya tenemos un solomillo a la pimienta
delicioso, con una carne jugosa y una salsa cremosa que está para chuparse los
dedos.
Os recomiendo acompañarlo con unas patatas
fritas, un puré de patatas casero o simplemente un buen pan, porque os aseguro
que no vais a querer dejar ni una gota de salsa en el plato.
Espero que os animéis a prepararlo y, sobre
todo, que lo disfrutéis tanto como yo. ¡En casa nos encanta!
Y ya
sabéis… ¡la comida lo primero!
